jueves, 8 de octubre de 2015

CRÓNICA I MADRID ULTRA TRAIL 2015

Nuestro compañero Fernando participo el pasado 25 de Septiembre de 2015 en la I Madrid Ultra Trail 176 Kilómetros y ha querido compartir con nosotros su experiencia:



Primero lo primero: sin la presencia de mi novia y mis amigos a lo largo de la carrera, no hubiera sido capaz de terminar ésta, y esto no es una forma de hablar o simplemente agradecer, es un hecho. En la base de vida de Bustarviejo, km 132, estaba convencido de abandonar, es lo que más deseaba en el mundo en ese momento, aunque ellos dicen que lo que más deseaba era continuar, pero que no lo sabía. Así que es de justicia hacer responsables de que cruzara la línea de meta a Sonia, mi media naranja, que se alegra más que yo cuando termino una carrera; a Susana, que me intenta motivar con sus bromas y pullas y yo le tiro los bastones a mala leche; a Gema, que perdió una uña por bajar conmigo el Camino del Calvario; a Carmelo, que estuvo 38 kms pensando algo ingenioso que decir para mantenerme entretenido; a Celia, que la llevan de pueblo en pueblo detrás de gente maloliente y todavía se divierte; a Sonia, que posiblemente no entienda porqué pasamos la noche en la montaña pero que nunca pone mala cara; y especialmente a Toni, un tío insensible a más no poder, que cuando le dices lloriqueando que te quieres ir a casa en mitad de carrera te contesta que ¡una leche!, que me duche, duerma un poco y nos vemos en la meta.

Lo demás es anecdótico. Ya os he dicho que llegué a meta, casi dos días después de salir (44horas 54 minutos) y en el puesto 20. El mejor puesto de mi vida en cualquier tipo de carrera, claro que sólo éramos 52 corredores en la salida, llegando a meta 26.




Como en todas las carreras de gran distancia, empecé muy ligero y terminé suplicando. Entremedias conocí mucha gente y fui uniéndome a grupos a los que no pude seguir hasta meta, llegando finalmente con Marcos, un chaval callado, pero con gran experiencia en este tipo de carreras. Eso es precisamente lo que creo que he ganado al acabar la Madrid Ultra Trail: experiencia. He descubierto que dormir una hora aunque sea encima de un cartón en un avituallamiento, te puede hacer ganar 3 ó 4 horas en meta. Que alejarte 15 minutos y soltar lastre detrás de unas piedras, te ahorrará sufrimientos innecesarios y te hará sentirte mejor, por el hecho de abonar el campo. Que el material es media carrera, que la mente es la otra media, y que el cuerpo simplemente va donde le lleves.

Y en cuanto a la carrera en sí, no os aburriré. Ya os he contado que terminé en casi 45 horas, y aunque nunca había estado tan cerca de abandonar, también es verdad que nunca había terminado tan bien una carrera de este tipo. Los pies intactos, sin ampollas ni uñas negras. Si que es cierto que durante la carrera me dolían las caderas y la rodilla derecha, pero no fue nada que un par de ibuprofenos o cuatro o cinco, no pudieran solucionar.

Me asustaba el hecho de que fuera la primera edición, con los problemas que suelen esperarse de los debuts, y bueno… la señalización es muy mejorable (me hablaron de boicot y robo de balizas) y también los avituallamientos, pero no me perdí, aunque en ocasiones, normalmente durante la noche, costaba seguir las balizas, porque al ser zona de matorral bajo, éstas estaban medio escondidas. Si que me han contado que en otras carreras ese mismo fin de semana, hubo problemas de orientación y confusión con las balizas, pero yo mantengo que no tuve más problemas que los de tener que ir concentrado y buscar banderolas cuando ya no puedes ni mantenerte en pie.

En cuanto a la gestión del sueño, este año experimenté y me salió bien, en parte gracias a mi grupo de amigos, que como os he dicho antes, me obligaron a relajarme y seguir cuando lo que quería era irme a casa. Pero también tuve que echarme una cabezada en el avituallamiento de la Morcuera. Esta vez íbamos 4 corredores, y llevábamos 5 horas pasando frío en la noche. Decidimos tirarnos en unos cartones debajo de la carpa del avituallamiento, y tapándonos con las mantas de supervivencia, nos dormimos hasta que se hizo de día. Un sueño de 20 minutos fue suficiente para mí, y me desperté como si los 140 kilómetros que llevábamos fueran solo un mal sueño.


Conocí gente de todo tipo, pero mucho más experimentada que en otras carreras de larga distancia. Mucha gente te hablaba del UTMB, que espero correr en 2016, pero también de la Tor de Geants (330kms son palabras mayores), de la ascensión al Aconcagua o de la escalada al Naranjo de Bulnes. Gente variopinta, como el canario que acompañaba a Ana, la chica que finalmente fue primera en meta. Rondaría los 60 años (el canario, no la chiquilla) y no paraba de hablar y de correr, y por el tiempo que hicieron al final estoy seguro de que no dejaron de hacer las dos cosas. Estuve con ellos hasta el kilómetro 50, en el avituallamiento de Rascafría. Paré unos minutos a visitar al señor Roca, y cuando volví ya se habían ido. Yo si que debía ser una carga para ellos, jajajaja. Después de unas horas en solitario, me junté con Carlos y Alfredo, dos chavales que nunca corrían, pero que jamás bajaban el ritmo. Estuvimos casi un día juntos y me reventaron en la bajada a Bustarviejo, kilómetro 132 (recordad que a esas alturas yo lloriqueaba y me quería ir a casa). Después de descansar en ese punto me enganché con Marcos, Santi y Álvaro, unos chavales bien majetes, con una animada conversación. Estuvimos juntos toda la noche, pero al comenzar la Cuerda Larga (kilómetros 145 a 165 aprox.) el grupo se fue diluyendo y me quedé solo con Marcos. Juntos llegamos finalmente a meta.

Lo mejor para mí sin duda han sido las reflexiones y la experiencia de la que os hablaba al principio. Nunca había parado a dormir en plena carrera, pero esta vez lo hice y me salió bien. Tampoco quise machacarme el estómago con bebidas isotónicas, así que durante toda la carrera solo bebí agua y cada cierto tiempo (cada 2 horas aproximadamente) tomaba una cápsula de sales. La decisión también fue acertada, porque normalmente al engullir mucho dulce se me cierra el estómago y me entran ganas de vomitar.

Respecto a las zapatillas, fui mucho mejor los 132 kms que estuve con las Asics Fuji Sensor no se qué, que los 44 últimos, en que cambié a las Asics Trabucco. Puede que fuera por el calor del último día, pero llegué a meta con los pies recalentados y lo primero que hice cuando llegué a casa fue tirarlas a la basura. Las Fuji fueron perfectas. Al ser unas zapatillas con poco material, el pie transpira mejor, pero además, en una carrera de este tipo, con mucha piedra, no hacía falta un taqueado profundo, y la suela plana de esta zapatilla se adhería perfectamente a las rocas.

Y poco más que contar. A día de hoy no me quedan ganas de correr ni de subir al monte, pero sé que en unos días esta sensación pasará y volveré a buscar objetivos para el 2016. Bueno, en realidad ya los tengo, y es que quiero participar en el Ultra Trail del Mont Blanc, la carrera de las carreras. Ya tengo los puntos necesarios, lo que no sé es si tendré la cabeza cuando llegue el momento.

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